Pese a su valía, para subsistir aceptó la plaza de médico titular en Mora, donde casó en 1711. En 1717 recibió la designación de médico de número en Antequera. Sus publicaciones más señeras son: "Origen morboso común y universal generante de los accidentes todos" (Málaga, 1718), "Lapis Lydos Appollinis" (Madrid, 1731) y "Observaciones sobre el pulso" (Madrid, 1787). Su incansable dedicación a la observación de esta constante vital le valió el sobrenombre con el que ha pasado a la posteridad: El Pulsista. Pese a sus probados conocimientos sobre el pulso, en los grandes centros urbanos donde se desarrollaba la investigación médica sus pronósticos sólo constituían motivo de burla para otros colegas. Por fin, el doctor J. Nihell, médico de la colonia inglesa de Cádiz, lo reivindicó. Pronto este pronunciamiento favorable arrastró el del holandés Van Swieten y el apoyo de los franceses Bordeu y Lavirott. En España defendieron sus descubrimientos Feijoo, Gutiérrez de los Ríos y J.L. Roche, entre otros. Cádiz intentó captarlo, pero Solano rehusó salir de Antequera, donde acabó sus días.


























