El también físico, médico y revolucionario Marat, atraído por su fama, quiso contrastar los descubrimientos que sobre colores y composición de la luz realizaba y enseñaba el montillano. Guiado por este interés y, sobre todo, después del fracaso de su compatriota ante Antonio Pablo, Marat retó a Fernández Solano en París para que allí mostrara sus ideas y modernas teorías sobre aquellos aspectos de la física. Pensionado por el Gobierno español y encabezando una comisión de científicos hispanos, parte en 1783 con doble destino: Londres y París. Las exposiciones que protagoniza en esta última ciudad le granjean el reconocimiento público por su gran valía e inteligencia. Sus vastos conocimientos y experiencias científicas le acreditaron definitivamente en París, en cuya Academia de Ciencias evidenció los errores cometidos por sus colegas franceses. Ante este incuestionable éxito, la prensa gala le premió con la mayor distinción posible: el apelativo de su sobrenombre, sabio. De regreso a España en 1786 fue nombrado profesor de fisiología e higiene del Real Colegio de San Carlos, en cuyo centro inauguró un campo muy novedoso en el conjunto de las enseñanzas médicas del siglo XVIII: la anatomía fisiológica, especialidad que nunca se había impartido en España. Escribía y hablaba varios idiomas, por lo que el Gobierno le encargó la revisión y censura de numerosas obras; entre los cometidos de esta tarea destacó la aprobación de varios tomos del Buffon. Al enfermar en 1796, volvió a Montilla buscando un clima más seco y beneficioso para su resentida salud. Escribió, entre otros, los siguientes trabajos: "Exercicio público de física experimental" (1782) y "Tratado sobre la digestión, de Spallanzani" (1789).


























