Origen

Esta Hermandad, tal como actualmente se conoce, es relativamente reciente, ya que fue en 1976, siendo párroco de San Francisco Solano, D. Lorenzo López-Cubero Giménez, cuando se decidió fundir en una sola las dos hermandades que existían en la parroquia del Santo, y que honraban a los Patronos de Montilla, recibiendo desde entonces el título de “Hermandad de Nuestra Señora de la Aurora y San Francisco Solano. Patronos de Montilla”

No hay documentos que fijen con exactitud el origen de estas montillanas devociones, pero la tradición popular recuerda que los montillanos honraron a su paisano como Santo, ya desde que se conoció la noticia de su muerte en Lima en 1610.


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Sí han llegado hasta nosotros por el contrario, documentos que atestiguan que en 1681 se iniciaron las obras que habían de convertir la casa natal de Solano, en la calle Sotollón, en iglesia que había de honrar perennemente su memoria.

Otro documento nos recuerda que en 1699 la Marquesa de Priego y Duquesa de Medinaceli, Dª Felice María de la Cerda y Aragón, donó una capilla destinada al culto a la Virgen, que en principio se pensó tendría la advocación del Rosario

Pero en estos años coincidieron en Montilla tres imágenes de la Santísima Virgen con la misma advocación del Rosario, cada una en una iglesia diferente.

Ante la situación planteada la autoridad eclesiástica de aquella época decidió dar solución a la situación de la siguiente forma: En cada población tendría que quedar tan sólo una imagen bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, correspondiendo en Montilla a la cofradía más antigua, que estaba en la parroquia de Santiago desde finales del siglo XVI. Las otras dos imágenes marianas deberían cambiar de nombre. Así ocurrió, y la imagen venerada en la Ermita de San Antonio, hasta su posterior traslado a la Ermita construida en la Plaza Mayor, recibió por votación entre sus cofrades y devotos, el nombre de Virgen de la Rosa.

Por último, la tercera recibiría de sus devotos el bello nombre de Virgen de la Aurora, venerándose en la capilla que había donado la Marquesa de Priego para engrandecer la iglesia dedicada al “Santo Solano”.

 

Este hecho acrecentó la devoción de los montillanos hacia la advocación mariana de La Aurora, y fue germen de un amor a la Virgen que llevaría tiempo después, ante el clamor popular, a considerarla Patrona de todos los montillanos.La Cofradía de Nuestra Señora de la Aurora recibió el reconocimiento oficial de la Iglesia al ser aprobada canónicamente en 1703 con el nombre de “Cofradía de Nuestra Madre y Señora de la Aurora”. Desde el primer momento se celebró su fiesta el segundo domingo de Octubre para no hacerla coincidir con el primer domingo de dicho mes en el que se celebra la festividad del Rosario. Su primera salida procesional por las calles de Montilla se realizó en 1718.

Pocos años después, en diciembre de 1726, el Papa Benedicto XIII canonizó a San Francisco Solano, y los montillanos celebraron jubilosamente la buena nueva durante todo el año siguiente. Y aunque para los montillanos Francisco Solano había sido considerado Santo y Patrono ya desde un siglo atrás, fue sin embargo en 1745 cuando el Papa Benedicto XIV promulgó una Bula proclamándolo oficialmente Patrono de Montilla.

Este hecho supuso un notable impulso en la devoción popular hacia el nuevo Santo. El aumento de recién nacidos que recibieron el nombre de Francisco Solano, y la necesidad de ampliar la primitiva ermita construída en su Casa natal, dan idea del espíritu solanista que respiraba la ciudad en el segundo tercio del siglo XVIII.

Todas las obras emprendidas en estos años fervorosos, fueron encauzadas por la denominada “Obra Pía de San Francisco Solano”. Durante algún tiempo las obras en el templo solanista fueron a un ritmo lento, dado el coste elevado de las mismas, hasta que recibieron su empuje definitivo entre 1771 y 77, gracias a la generosidad entre otros del Cabildo de la ciudad y de los duques de Medinaceli.

El tiempo transcurrido en la ampliación definitiva del templo patronal quedó reflejado en los dos estilos artísticos que podemos apreciar. El interior tiene un claro predominio barroco, mientras que la portada exterior y atrio recibieron la influencia de los nuevos gustos neoclásicos imperantes en los años finales del siglo XVIII.

La Cofradía de Nuestra Señora de la Aurora disfrutaba en aquellos tiempos de independencia económica, gracias a las donaciones de sus devotos. Tal es el caso del Excmo. Sr. Marqués de Priego y Duque de Feria y Medinaceli dueño de la casa contigua al lateral derecho de la iglesia que donó parte de dicha casa para que se construyera una capilla con altar, retablo, sacristía y camarín para la Virgen, debajo del que se construyó una cripta para enterrar a los hermanos fallecidos.

Un siglo después, cuando se construyó el cementerio de la Vera Cruz, ante la normativa que impedía el enterramiento generalizado en los templos, la cofradía tuvo en propiedad más de cien tumbas en los que dar cristiana sepultura a los hermanos más desfavorecidos.

Cuando en el año 1894 se inauguró el actual Cementerio Municipal de San Francisco Solano, la Cofradía recibió también un cuadro con la misma finalidad que el anterior, y que fue conocido popularmente por los montillanos como “El cuadro de la Aurora”. Esta propiedad la mantuvo la Cofradía hasta mediados de la década de 1990.