Este hecho acrecentó la devoción de los montillanos hacia la advocación
mariana de La Aurora, y fue germen de un amor a la Virgen que llevaría
tiempo después, ante el clamor popular, a considerarla Patrona de todos
los montillanos.La Cofradía de Nuestra Señora de la Aurora recibió
el reconocimiento oficial de la Iglesia al ser aprobada canónicamente
en 1703 con el nombre de “Cofradía de Nuestra Madre y Señora
de la Aurora”. Desde el primer momento se celebró su fiesta el
segundo domingo de Octubre para no hacerla coincidir con el primer domingo de
dicho mes en el que se celebra la festividad del Rosario. Su primera salida
procesional por las calles de Montilla se realizó en 1718.
Pocos años después, en diciembre de 1726, el Papa Benedicto XIII
canonizó a San Francisco Solano, y los montillanos celebraron jubilosamente
la buena nueva durante todo el año siguiente. Y aunque para los montillanos
Francisco Solano había sido considerado Santo y Patrono ya desde un siglo
atrás, fue sin embargo en 1745 cuando el Papa Benedicto XIV promulgó
una Bula proclamándolo oficialmente Patrono de Montilla.
Este hecho supuso un notable impulso en la devoción popular hacia el
nuevo Santo. El aumento de recién nacidos que recibieron el nombre de
Francisco Solano, y la necesidad de ampliar la primitiva ermita construída
en su Casa natal, dan idea del espíritu solanista que respiraba la ciudad
en el segundo tercio del siglo XVIII.
Todas
las obras emprendidas en estos años fervorosos, fueron encauzadas por
la denominada “Obra Pía de San Francisco Solano”. Durante
algún tiempo las obras en el templo solanista fueron a un ritmo lento,
dado el coste elevado de las mismas, hasta que recibieron su empuje definitivo
entre 1771 y 77, gracias a la generosidad entre otros del Cabildo de la ciudad
y de los duques de Medinaceli.
El
tiempo transcurrido en la ampliación definitiva del templo patronal quedó
reflejado en los dos estilos artísticos que podemos apreciar. El interior
tiene un claro predominio barroco, mientras que la portada exterior y atrio
recibieron la influencia de los nuevos gustos neoclásicos imperantes
en los años finales del siglo XVIII.
La Cofradía de Nuestra Señora de la Aurora disfrutaba en aquellos
tiempos de independencia económica, gracias a las donaciones de sus devotos.
Tal es el caso del Excmo. Sr. Marqués de Priego y Duque de Feria y Medinaceli
dueño de la casa contigua al lateral derecho de la iglesia que donó
parte de dicha casa para que se construyera una capilla con altar, retablo,
sacristía y camarín para la Virgen, debajo del que se construyó
una cripta para enterrar a los hermanos fallecidos.
Un
siglo después, cuando se construyó el cementerio de la Vera Cruz,
ante la normativa que impedía el enterramiento generalizado en los templos,
la cofradía tuvo en propiedad más de cien tumbas en los que dar
cristiana sepultura a los hermanos más desfavorecidos.
Cuando en el año 1894 se inauguró el actual Cementerio Municipal
de San Francisco Solano, la Cofradía recibió también un
cuadro con la misma finalidad que el anterior, y que fue conocido popularmente
por los montillanos como “El cuadro de la Aurora”. Esta propiedad
la mantuvo la Cofradía hasta mediados de la década de 1990.