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Montilla,
es considerada, entre otras muchas cosas, lugar cervantino por excelencia.
Sirvió de etapa y descanso al pícaro Estebanillo González
en su rápido peregrinar por Andalucía de las tretas de sus mujeres
sale huyendo, lo que no coge de sorpresa al lector que conozca el pasaje de
"El coloquio de los perros" donde Cervantes pone en boca
de Berganza "una cierta historia que me pasó con una grande hechicera,
discípula de la camacha, de Montilla" a quien más adelante
se va a invocar como protectora: "Volved, hijo de Gavilán, y con
gentil habilidad y destreza deshaced los saltos que habéis hecho; pero
ha de ser a devoción de la famosa hechicera que dicen que hubo en este
lugar". Apenas hubo dicho esto, cuando alzó la voz la hospitalera,
que era una vieja, al parecer, de más de setenta años, diciendo:
"!Bellaco, charlatán, embaidor y hijo de puta, aquí no
hay hechicera alguna! Si lo decís por la Camacha, y a ella pagó
su pecado, y está donde Dios sabe; si lo decís por mí,
chocarrero..." Esas Camachas protagonizan como celestinas parte de unos
de los capítulos relatados en los "Casos notables de la ciudad
de Córdoba", el titulado "Síguese otro caso harto
extraño que le sucedió a Don Alonso de Aguilar". Pícaros
y gente de mal vivir: "De boníssima gana fuera mudo/ si Dios me
hiciera dueño de Montilla", canta M. Colodrero de Villalobos en
"Varias rimas" , al referir la solicitud nada honesta de
que fue objeto por parte de un tal Menguilla. !Qué atmósfera
tan opuesta a la sugerida por Ricardo Molina en cuatro escuetos versos!: "En
Montilla guían/ lampazos en flor/ que atesoran grises/ semillas de
amor". |
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Abundantes
hasta el extremo son también las alusiones a su prosapia histórica
- y no es momento de entrar en lo acertado o erróneo de los asertos
correspondientes-. Desde su vuelo planeador explica el Diablo Cojuelo cómo
"fue habitación de los heroicos marqueses de Priego, Córdovas
y Aguilares, de cuya gran casa salió, para honra de España,
el que mereció llamarse Gran Capitán por antonomasia..."
A la destrucción de su fortaleza y persecución de parientes
y amigos alude Juan Valera en "El cautivo de Doña Mencía".
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| Y Salvador
González Anaya, tras hacer pinitos de etimologista -"Montilla
(...) la Munda bética, Mondelia de los árabes, que es la patria
del Gran Capitán".- prefiere la paternidad vinícola a
la histórica: "Y del vino (...) cuya fama la encumbra por encima
del soldadote. Montilla es ilustre en el mundo más que por Gonzalo
de Córdoba por el néctar que dan las uvan que se cultivan
en su ruedo. Suum cuique..." |
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A pesar de
esta opinión, otros autores alaban sin cortapisas la fama del personaje;
baste una escueta relación para que nos hagamos una somera idea:
Cadalso le llama "vasallo envidiable" en sus "Cartas marruecas",
Fernández Ruano le dedica una oda y lo evoca en "A los
héroes del Dos de Mayo";Ramírez de Arellano, un romance;
y Manuel J. Quintana, un poema extenso. Al mundo de la historiografía
pertenecen las "Crónicas del Gran Capitán",
escritas por Antonio Rodríguez Villa. Y por lo que hace a citas más
o menos extensas, con alusión tanto a su cuna como a sus hazañas,
baste con citar a Góngora, Marquina, Rubén Darío en
"Tierra solares", Alcalde Valladares y el barón
de Fuente Quinto, en una "Corona poética"; y otros
muchos. |
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"El
Gran Capitán"

San
Francisco Solano
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Incluso
a la estatua del Gran Capitán se dirigen los versos de los poetas:
"En las Tendillas, le calzas/ al Gran Capitán la espuela",
dice R. Laffón.
Juan de Arquijo
recoge en uno de sus cuentos el equívoco que sucedió a un
pescador con un predicador jesuíta; los viajeros Antonio Ponz y Richard
Ford hablan de Montilla en sus respectivos itirenarios...
Historia, literatura,
vino, emblemas de Montilla, son los números que animan la pluma de
otro de sus insignes eruditos: José Cobos; literatura cuando admira
la fecundidad e instrucción del barroco Miguel de Barrios y su "Coro
de las musas", rabino en una sinagoga de Amsterdam, que jugó
a ser cristiano y judío"; historia en la rememoración
de la casa de Juan de Ávila "guía y maestro de santos",
donde "un poco de cal y el rojo del ladrillo del suelo hacen el milagro
de ofrecer un raro espectáculo de una casa antigua en toda su autenticidad";
historia y literatura igualmente en los artículos, libros y obra
teatral protagonizados por San Francisco Solano, el santo montillano por
antonomasia; arrebato báquico cuando " en septiembre (...) estalla
en Montilla la alegría de la vendimia";
Arrebato lírico
en "El vino de la verdad", donde José Cobos y Ricardo
Molina explican porqué "el hombre de Córdoba y de Montilla,
el hombre de nuestra tierra, suele ser un bebedor comedido aun en el exceso,
reposado y un tanto dado a la especulación filosófica";
literatura en su fascinación por Cervantes y las Camachas...
Centenares
de citas para un gran pueblo; la literatura ha sido pródiga con él
y con sus hombres; suplan las referencias que aquí faltan las muchas
que estarán presentes en la memoria de los montillanos.
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El
escritor montillano Pepe Cobos
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