Es
una de las casa colindantes con el Palacio de Medinaceli, y que
sería ocupada por San Juan de Avila por cesión de la condesa doña
Catalina ante la negativa del religioso a vivir en palacio.
Esta
casa mantiene el sabor y todas las características de las construcciones
de la época, el siglo XVI, aunque más tarde le sería adosada una
ermita, la de la Virgen de la Paz.

En
esta casa-oratorio, como recuerda la cuidada y realista ambientación
interior, pasó sus días el maestro de Avila hasta su muerte, lo
que propició que fuera visitada por infinidad de personajes conocidos
de la historia.

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En
calle San Juan de Dios
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