Exactamente
en 1512 fundaba el marqués de Priego don Pedro Fernández de Córdoba
un convento de Franciscanos, lo mismo que hizo en otras villas de
su estado.
El
establecimiento se edificó en las inmediaciones del palacio de dicha
familia, pero a partir de 1525 pasó a convertirse en el convento
de Santa Clara de la rama femenina de la orden, creándose por María
Jesús de Luna, hija de ese marqués, tras concederle el oportuno
permiso su hermana Catalina Fernández de Córdoba, como heredera
del mayorazgo.
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En
esas fechas se formó su iglesia, una hermosa muestra del gótico-mudéjar
cordobés, que se ha atribuido a Hernán Ruiz I. Tiene nave y cabecera
cuadrada con magníficos artesonados, que en el presbiterio ofrece
una disposición ochavada, salvándose las esquinas con especie de
veneras rizadas.

Igualmente
magnífica es la portada gótico-renacentista, con evidentes relaciones
con la obra del primero de los Hernán Ruiz. Entre pináculos, se
abre en arco trilobulado con cardina gótica y una compleja tracería
de arquillos cruzados, cuya exuberancia ha hecho pensar en el gótico
manuelino. La parte de remate se ajusta mejor a un temprano plateresco,
como se ve en el nicho de Santa Clara y en sus pilastrillas.


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