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EDAD
MEDIA |

Muy poco o nada se conoce de Montilla, incluyendo su propio origen,
en las primeras centurias medievales. Solamente sabemos que su
actual territorio se incluía en época musulmana dentro del término
de Poley que pertenecía a la cora de Cabra, si bien él, concretamente
donde se hallaba la qarya o alquería Jalata (actual cortijo Jarata),
al sur de Montemayor, formaba parte del iqlim o distrito Uliyat
Qanbaniya de la cora de Córdoba.
Esta
escasez de datos se prolonga también para los primeros años de la
época bajomedieval, una vez que estas tierras fueron incorporadas
a la corona castellano-leonesa durante la segunda estancia de Fernando
III en Córdoba. Más tarde, pasarían a depender de Gonzalo Yáñez
Dovinal, a quien Alfonso X le concedió en señorío la villa y castillo
de Aguilar con todo su término, dentro del cual se encontraba el
territorio de Montilla. Permanecerá bajo la jurisdicción del antiguo
linaje de la Casa de Aguilar hasta su extinción, en 1343. Posteriormente,
la titularidad de sus tierras cambiará en varias ocasiones hasta
llegar a manos de Gonzalo Fernández de Córdoba "El Gran Capitán",
en 1375, que la recibió a cambio de diversos bienes en
Guadalcázar.

Es
a partir del segundo tercio del siglo XIV cuando nos aparecen las
primeras noticias sobre la villa y castillo de Montilla. La más
antigua es de 1333, y hace referencia por primera vez a la existencia
del castillo y a su nombre, aunque no será hasta 1371 cuando posea
término municipal independiente respecto al de Aguilar y obtener
la población el título de villa. Su poblamiento sigue reforzándose
y su término se irá configurando a lo largo del siglo XV mediante
pleitos por los límites con los concejos colindantes. Este período
de su historia, convertirá a Montilla en el centro del señorío de
Aguilar, suplantando incluso a ésta, y la preparará para su desarrollo
económico del siglo XVI. |
Una
gran parte del término montillano, como se recoge en el Libro de
la montería de Alfonso XI, no era productivo a mediados del siglo
XIV. Sin embargo, en la segunda mitad de la centuria siguiente el
panorama había variado, cultivándose en sus tierras cereales, olivo
y vid, principalmente, así como lino y productos hortícolas. Experimenta
un importante crecimiento demográfico en la segunda mitad del siglo
XV. Era uno de los llamados pueblos-fortaleza de la Campiña de Córdoba
en las que destacaba el propio castillo, cuyo origen puede remontarse
a épocas anteriores a la Baja Edad Media y del que apenas se conservan
restos, ya que fue demolido por orden del rey don Fernando en 1508
como ejemplar castigo impuesto a don Pedro Fernández de Córdoba
II.

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